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May

Trayectoria y legado: Pablo Marina, el hombre que marcó una época en CONARPESA

Tras su retiro, el vicepresidente de CONARPESA repasa su trayectoria marcada por el crecimiento y los desafíos. Desde Juan Álvarez Cornejo a Fernando Álvarez Castellanos, una vida de compromiso con la industria pesquera de la región.

 

Pocas historias empresariales están tan ligadas a una persona como la de CONARPESA a Pablo Marina. Es un largo recorrido compartido, entre grandes desafíos, decisiones cruciales y momentos que marcaron el rumbo. Hablar de Pablo es atravesar la historia de la empresa pesquera, porque su vida y la de la compañía, forman parte de un mismo relato.

Tras su retiro, conversar con él resulta inevitablemente emotivo y revelador. No solo por lo que cuenta, sino por cómo lo cuenta, con la pausa de quien entiende que finaliza un ciclo y que, en esa conclusión, también se ordenan los recuerdos de casi 40 años de vida.

-Se cierra una etapa muy importante en tu vida. ¿Qué es lo primero que se te viene a la cabeza en este momento?

Lo primero que pienso es que es importante saber retirarse a tiempo, estando pleno, para disfrutar de muchas cosas que, a veces, el trabajo y las responsabilidades no permiten. Yo hablé con Fernando tres años antes de jubilarme, para armar equipos, empoderar a algunas personas que a mi criterio lo merecían y lograr que la transición fuera tranquila y ordenada. Creo que, entre todos, lo logramos. Y si bien tuvieron que adaptarse a esta nueva etapa, la empresa siguió funcionando sin inconvenientes, lo que demuestra el valor del trabajo en equipo y la importancia de que nadie se crea irremplazable.

-¿Cómo te vinculaste con la empresa? ¿Cómo fueron tus comienzos?

Mi primer contacto con CONARPESA fue a fines de 1983, cuando una de mis hermanas que trabajaba en la oficina en Buenos Aires, me comentó que estaban buscando una persona para organizar y hacerse cargo de la administración en Puerto Madryn ya que sólo tenía oficina en Buenos Aires.

Yo estaba trabajando en ese momento en una empresa sueca (SANDVIK) y me entusiasmó la idea de poder ir a Madryn para asumir ese desafío y casarme con mi esposa con quien ya llevaba más de cinco años de relación. Viajé y conocí la ciudad un día nublado, lloviznando y con mucho viento y la verdad mi primera impresión fue que no me gustó; al día siguiente amaneció con ese cielo y mar tan azul característico de Madryn y ¡me encantó!

Cuando regresé a Buenos Aires comencé a hablar con todos mis allegados sobre esto. Finalmente, y casi de forma inmediata acepté la propuesta que me hicieron y me instalé en Madryn en enero de 1984. En ese momento tenía 24 años.

-¿Cómo era CONARPESA en ese momento y con qué te encontraste?

CONARPESA era mucho más pequeña. Funcionaba en una planta chiquita que estaba a nombre de una empresa llamada Marejada SA y tenía 3 barcos congeladores dedicados a la pesca de langostino: CONARPESA I, CONARPESA II y CONARPESA III, al que se le sumó unos meses después el buque Capitán Giachino. La pesca de langostinos congelados a bordo se realizaba en otra época distinta del año a la actual y en otras zonas, más al sur. Las mareas eran prolongadas, oscilando entre 45 y 60 días para intentar completar el barco. Costaba encontrar el marisco. En esa época prácticamente no existía la banca electrónica y todos los haberes se pagaban en efectivo al concluir las mareas. Era bastante complejo y hoy difícil de imaginar toda la logística que hacíamos con el banco y los empleados, pero, aunque complejo y de extrema responsabilidad, siempre funcionó sin inconvenientes.

 

– ¿Cuáles eran los desafíos?

Para esa entonces ya se había encaminado la construcción de una planta propia en el Parque Industrial Pesquero y se avanzó hacia lo que hoy es la Planta principal de CONARPESA en Puerto Madryn. Varios de los empleados de esa época inicial continúan hoy trabajando en el sector administrativo y como personal embarcado.

El objetivo era ir incrementando de a poco la flota, y construir plantas en otras ciudades como puerto San Julián al comienzo y Caleta Paula ya en años posteriores.

-Juan Alvarez Cornejo fue el fundador de la empresa y el primer gran artífice de su desarrollo. ¿Cómo lo definirías y que significado tuvo para vos trabajar con él?

Era un incansable trabajador. Y lo fue hasta el día que partió de este mundo. Además, fue un visionario ya que observando desde la playa la riqueza marítima de nuestras costas decidió desde el primer momento invertir aquí.

Mi relación con él siempre fue muy buena y con el tiempo y las responsabilidades que fui asumiendo dentro de la empresa fueron estrechando ese vínculo porque lógicamente tuvimos un contacto diario y permanente durante muchos años.

Era un gran madrugador. A las 7 de la mañana ya estaba trabajando en la oficina y con la diferencia horaria entre Argentina y España, llamaba muy temprano cuando nosotros recién amanecíamos y él estaba a full. Seguir su ritmo requería un gran esfuerzo.

Mi familia y yo lo recordamos siempre con mucho cariño y gratitud por la confianza que él, Fernando y sus hermanos depositaron en mí. Fue un ejemplo de trabajo y entrega para mí, y lo puse en práctica en mi gestión.

-¿Cuáles fueron los hitos, las principales transformaciones de la empresa?

En CONARPESA hubo un antes y después.  A partir de una traición a la confianza que Don Juan Álvarez había depositado en ciertos directivos y funcionarios, la empresa sufrió una escisión, en 1995. Como consecuencia perdió dos barcos y una planta, por una maniobra de estos funcionarios.  Este hecho derivó en una causa judicial que desde hace muchos años se tramita en un juzgado comercial de la Ciudad de Buenos Aires-aún sin resolución- a pesar de estar claramente demostrado la ilicitud del accionar.

Es ahí, en 1995, cuando llega a la Argentina Fernando Álvarez Castellano, a buscar una solución para poder rescatar a la empresa y operar los barcos y la planta y posteriormente a hacerse cargo de la misma. Su compromiso y su trabajo permitió no solo salvar la empresa sino hacerla crecer y llegar a ser la número 1 de Argentina en pesca de Langostino.

La clave fue poner a funcionar uno a uno los barcos que CONARPESA tenía tirados en la playa dado el abandono y las maniobras que habían hecho los directivos anteriores.

CONARPESA no estuvo ajena a las dificultades del sector y del mercado, entrando en concurso de acreedores en dos ocasiones, en año 2000 y en el año 2012, pero con mucho trabajo y el apoyo de mucha gente incluyendo acreedores, se han cerrado de manera satisfactoria.

Argentina no ha sido un país sencillo ni previsible. Esto, sumado a las cuestiones internas que mencioné y las propias de la pesca y el mercado, han generado momentos de mucha incertidumbre, pero la contracara de esto es que siempre hubo mucho compromiso de todos para salir adelante.  La mayoría de los empleados han(hemos) tenido la “camiseta puesta” siempre.

A partir del año 2016, el país tuvo un sinceramiento del tipo de cambio que permitió a las empresas del sector estabilizarse económicamente, lo que posibilitó hacer muchas inversiones en barcos, plantas, muelle. Siempre en la mirada de Fernando estuvo y está el reinvertir las ganancias en Argentina, ya sea en barcos o en plantas.

-Tuvieron que acomodarse a las transformaciones tecnológicas de los últimos años. ¿Cómo fue ese proceso de adaptación?

Los cambios tecnológicos han impactado en la empresa en todos los sectores. CONARPESA ha adquirido, desarrollado y perfeccionado un sistema de gestión que acompaña toda la operatoria de la empresa y los requerimientos fiscales de nuestro país. Este desarrollo representa un motivo de orgullo para la empresa. Y en las plantas, se fueron haciendo cambios para adaptarse a los requerimientos de los mercados internacionales, buscando mejorar la capacidad de producción diaria y responder a los estándares internacionales.

En el año 2024, se incorporó un nuevo socio, WOFCO, que le agrega su expertise, su capacidad de venta y su respaldo financiero.

Entre los años 2024 y 2025 se construyeron 3 buques.  Un buque congelador en un astillero en Vigo, España y 2 buques fresqueros en un astillero de Mar del Plata, todos con la última tecnología.

Y no paramos, CONARPESA está desarrollando un parque fotovoltaico para abastecerse de energía eléctrica en Puerto Madryn.

-Algo mencionaste sobre la llegada de Fernando Alvarez a mediados de la década del 90. ¿En qué sentido su impronta revolucionó a CONARPESA?

Fernando fue el alma del cambio de la empresa. A su llegada cambió la forma de trabajar con los barcos, buscando la mayor operatividad posible, cosa que el resto de las empresas del sector luego adoptaron para buscar hacer rentable la actividad. Las plantas empezaron a trabajar a máxima capacidad.

Fernando agregó a toda la energía y entrega que su padre nos inculcó, su profesionalidad y su estrategia para los negocios. Si su padre era exigente, él lo es mucho más.

Siempre apuesta por su gente, y da oportunidades para el crecimiento a quienes demuestran su compromiso y lealtad. Un ejemplo de esto soy yo que empecé administrativamente en la empresa y terminé siendo vicepresidente durante aproximadamente 20 años.

-Una empresa de esta envergadura se construye con el aporte de mucha gente valiosa. ¿A quiénes destacarías especialmente?

Muchas personas han contribuido al desarrollo de la empresa tanto administrativos, operativos, como de planta y de barcos. Con todos intenté tener la mejor relación posible, pero me gustaría nombrar a algunos que permitieron que a la llegada de Fernando pudiera seguir funcionando la empresa a pesar de las dificultades y el perjuicio ocasionado por las autoridades anteriores.

Carlos Peña, vicepresidente de la empresa hasta el año 2006, Raúl Rapoport, apoderado, Hugo Perrone, Gerente de Recursos Humanos. Seguramente hay muchos otros sin nombrar que aportaron su granito de arena para que la empresa sea lo que hoy es, pero es difícil mencionar a todos.

-La última pregunta es muy personal. Después de todo lo que has vivido en la empresa y lo que le has dado a CONARPESA. ¿Qué sentís que te definió como directivo y como persona?

Creo que, como persona y como directivo, uno es de una misma manera, al menos yo creo que debe ser así.

Si tuviera que decir qué fue lo que más me definió, diría que la empatía: poder relacionarme con todos y ponerme en el lugar de los demás en las distintas situaciones que se fueron presentando. Esto vale tanto para la relación con los empleados —de administración, planta y embarcados— y los proveedores, gremios, como también con los dueños de la empresa.

Eso me permitió tomar las mejores decisiones cuando me tocaba hacerlo, y dar las mejores recomendaciones según mi criterio cuando la decisión no dependía de mí. Y un párrafo aparte el haber elegido y tenido a mi lado gente de la empresa incondicional que me ayudó a cargar con la responsabilidad que asumí en su momento. Sin ellos hubiera sido imposible, hablo de muchos profesionales externos que me hicieron crecer y me dieron seguridad en la toma de decisiones.

Y por último agradecer a mi esposa Paula que me apoyó y aconsejó siempre y a la familia Álvarez, Don Juan y Fernando que confiaron en mí y fueron tan generosos conmigo y con toda mi familia. Me encantó trabajar en CONARPESA y siento orgullo de eso.